Apertura. Revista de innovación educativa‏
apertura Apertura (Guadalajara, Jal.) Apert. (Guadalaj., Jal.) 1665-6180 2007-1094 Universidad de Guadalajara, Sistema de Universidad Virtual 10.32870/Ap.v13n1.1987 Ensayos científicos Modelos de enseñanza sobre buenas prácticas docentes en las aulas virtuales Teaching models on good teaching practices in virtual classrooms 0000-0002-4915-9608 Véliz Salazar Miriam Iliana * 0000-0002-5617-6625 Gutiérrez Marfileño Victoria Eugenia ** Maestra en Investigaciones Sociales y Humanísticas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Candidata a Doctora en Investigación Educativa en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, México. Universidad Autónoma de Aguascalientes Universidad Autónoma de Aguascalientes Mexico Doctora en Educación por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Profesora investigadora en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, México. Universidad Autónoma de Aguascalientes Universidad Autónoma de Aguascalientes Mexico 30 05 2021 04 2021 13 1 150 165 30 09 2020 14 01 2021 26 03 2021 Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons Resumen

El estudio de las buenas prácticas docentes en las aulas virtuales se enfoca en conocer las características de las experiencias pedagógicas exitosas para lograr los aprendizajes; sin embargo, en los trabajos publicados hasta la fecha no se identifica una orientación coincidente que integre las características distintivas de las buenas prácticas o los rasgos relevantes para valorar las intervenciones pedagógicas en las aulas virtuales. Frente a esta situación, este artículo presenta un análisis comparativo de modelos de enseñanza sobre buenas prácticas docentes en la educación virtual con la intención de identificar las características de una práctica efectiva. Se sintetiza una revisión bibliográfica compuesta por once propuestas y 25 rasgos de evaluación, en los cuales se encontró que algunas de las prácticas más exitosas son: la retroalimentación continua, la interactividad, los materiales didácticos multisensoriales, conocer las necesidades del alumno y fomentar el aprendizaje activo. A partir de estos resultados, se concluye que la caracterización de las buenas prácticas docentes en las aulas virtuales se centra más en las estrategias pedagógicas que en los apoyos tecnológicos de la educación virtual, por lo que el interés de los profesores considerados como efectivos en su práctica se inclina hacia su especialización didáctica y académica.

Abstract:

The study of good educational practices in virtual classrooms is focused on knowing the characteristics of pedagogical experiences that have been successful for the achievement of learning. However, in the studies published to date, a coincident approach that integrates the characteristics that distinguish good practices and the traits that are relevant to assess pedagogical interventions in virtual classrooms is not identified. Faced with this situation, this paper presents a comparative analysis of teaching models on good educational practices in virtual education, to identify the characteristics of effective practice. A bibliographic review consisting of 11 proposals and 25 evaluation features is synthesized; in which it was found that continuous feedback, interactivity, knowing the student’s needs, multisensory teaching materials and promoting active learning are some of the most successful practices. Based on these results, it is concluded that the characterization of good educational practices in virtual classrooms is more focused on pedagogical strategies than on the technological supports of virtual education, therefore, the interest of teachers considered effective in their practice, is inclined towards their didactic and academic specialization.

Palabras clave: Aulas virtuales buenas prácticas docentes educación virtual enseñanza en línea Keywords: Virtual classrooms good teaching practices virtual education online teaching

INTRODUCCIÓN

Los sistemas de enseñanza se encuentran en un proceso continuo de innovación; asimismo, en la actualidad existe un mayor interés por utilizar los modelos de educación virtual para favorecer los procesos de aprendizaje, tener una mejor cobertura y ofrecer una alternativa educativa flexible y de calidad a la población que no puede acceder a la educación de forma presencial, al ponerse al alcance de cualquier posible receptor que cuente con un dispositivo tecnológico con conexión a internet (Baelo, 2009). Esta modalidad educativa ha incrementado notablemente su oferta en los últimos años. Además, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se han convertido en un elemento primordial del aprendizaje para todos los niveles educativos (Hernández, 2017), y el uso efectivo de estas en la educación implica incorporar recursos tecnológicos -asociados a una transformación- en el paradigma tradicional del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Si bien la educación virtual acentúa la importancia del uso e implementación de las TIC, no considera el empleo de las tecnologías como su principal característica. Lo que define a la educación virtual es la no coincidencia física entre los docentes y los alumnos, que permite el uso de herramientas digitales -sincrónicas o asincrónicas-. Este tipo de educación incluye cualquier otra forma de aprendizaje que no implique la cátedra tradicional, donde se comparte un espacio de interacción presencial (Salmón, 2000; Area, 2004 y Dorrego, 2016).

El modelo de enseñanza no escolarizado, desarrollado a partir de las TIC, es de carácter abierto, interactivo y flexible, además de tener características distintivas: es colaborativo, requiere de una comunidad de aprendizaje, se encuentra centrado en el estudiante, no tiene límites de lugar ni de tiempo, requiere de conectividad y autenticidad, implica explorar y compartir el conocimiento y las experiencias multisensoriales para la construcción de los aprendizajes (Kearsley, 2000).

De manera específica, la pedagogía que se implementa desde la educación virtual favorece los procesos de enseñanza basados en la formación de redes y el aprendizaje activo; es decir, se apoya en la creación de comunidades de aprendizaje interactivas, donde lo esencial no es la interacción de la persona con la herramienta tecnológica, sino la interactividad y la comunicación entre el docente y el alumno, así como entre los estudiantes (Cabero, 2006). Esta enseñanza se basa en un modelo pedagógico constructivista centrado en el estudiante, que requiere una comunidad que comparta el conocimiento para favorecer la autonomía en la adquisición de los aprendizajes (Kearsley, 2000; Baelo, 2009 y Dorrego, 2016).

El acompañamiento al alumno en su proceso formativo es un rasgo importante de la práctica docente en este modelo pedagógico. Más allá de la exposición y la transmisión de conocimientos, el profesor debe intensificar un trabajo grupal que auxilie el aprendizaje colaborativo, diseñar los contenidos y las estrategias didácticas, así como realizar el seguimiento de los alumnos para evaluar su aprendizaje dentro de la plataforma educativa (Montoya, 2014). El profesor, por medio de la interacción a través del aula virtual, guiará al estudiante en el proceso de aprendizaje y se convertirá en un facilitador que implementa acciones de comunicación, retroalimentación y seguimiento, lo que permite que la información en el alumno se convierta en conocimiento (Cabero, 2006).

El docente debe centrar sus decisiones y metodologías en el aprendizaje del alumno, y no preocuparse solo por las TIC que utilizará (García, 2002; De Zubiría, 2006). En la práctica, las instituciones educativas limitan sus esfuerzos a capacitar al profesor en las herramientas tecnológicas, pero dejan de lado la formación en el modelo pedagógico que les permitiría realizar una adecuada práctica docente en la educación virtual (Mirete, 2010). A partir de esta problemática, se considera pertinente indagar sobre los modelos de buenas prácticas docentes en aulas virtuales que puedan ser referentes adecuados para mejorar la calidad de las intervenciones educativas en línea.

En la literatura se han presentado distintos modelos de enseñanza y práctica docente en la educación virtual. Algunos autores, a partir de su experiencia en estos espacios, han propuesto prácticas pedagógicas que han resultado efectivas para alcanzar el aprendizaje en esta modalidad. Con base en el paradigma de las buenas prácticas, las intervenciones docentes que han demostrado sistematicidad, replicabilidad y resultados exitosos, han sido integradas en algunos modelos de enseñanza y propuestas didácticas que comparten una serie de características y rasgos que las definen como estrategias efectivas para mejorar la calidad en el aprendizaje de los alumnos dentro de los entornos virtuales.

El término buenas prácticas se define como la forma de realizar una actividad o trabajo que produce un resultado exitoso (Hammer, 1990). En el ámbito profesional, una práctica exitosa se distingue por ser innovadora, replicable, evaluada y con beneficios costo-efectivos para las instituciones (Durán, Estay-Niculcar y Álvarez, 2015). Las buenas prácticas, según Epper y Bates (2004), son acciones o intervenciones que se caracterizan por mejorar el desempeño y los resultados de un proceso. Por lo tanto, se ha señalado que su adopción en los métodos de enseñanza mejoraría notablemente la calidad de los procesos de aprendizaje en cualquier modalidad educativa (Romero et al., 2014).

El concepto buenas prácticas docentes es utilizado desde la década de 1950 (Zabalza, 2012) y ha sido definido por distintos autores, algunos a partir del modelo pedagógico subyacente y otros al considerar los distintos momentos didácticos dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Bain (2006) considera que las buenas prácticas docentes son el resultado exitoso de fomentar en los estudiantes el aprendizaje por medio de una influencia positiva, sustancial y continua en su forma de pensar, actuar y sentir.

Con base en las características del modelo pedagógico para la educación virtual, el grupo de Investigación y Multimedia de la Universidad Autónoma de Barcelona (Grupo DIM, 2014) define las buenas prácticas como intervenciones educativas que promueven el desarrollo de experiencias de aprendizaje para lograr de manera eficiente los objetivos formativos y los aprendizajes de alto valor educativo. Señalan como indicadores para definir una buena práctica la significación para los estudiantes, el involucramiento del alumnado, el tratamiento a la diversidad de los contenidos y a las características de los alumnos, así como el trabajo colaborativo.

Por otro lado, en lugar de realizar una exposición del término, algunos autores se enfocan en las estrategias que debe seguir el profesor acorde al momento didáctico de enseñanza; por ejemplo: De Pablos y Jiménez (2007) definen las buenas prácticas docentes como un proceso de cambio que debe modificar las formas de construcción del conocimiento para configurar nuevos entornos de enseñanza-aprendizaje, mientras que Cabero y Romero (2010) detallan que las intervenciones educativas de los profesores y las instituciones facilitan el desarrollo de actividades o experiencias de aprendizaje para favorecer que los estudiantes alcancen objetivos, capacidades y competencias establecidas.

Con base en las aportaciones de estos autores, se pueden definir las buenas prácticas docentes como las acciones o intervenciones educativas que han demostrado favorecer el aprendizaje y producir resultados exitosos. Se trata de un compendio de experiencias efectivas que han sido probadas y validadas, que se han replicado y merecen ser compartidas y difundidas con el propósito de ser aplicadas por el mayor número posible de profesores para facilitar el aprendizaje en los procesos de enseñanza.

De manera específica, el calificativo “buenas” en relación con las prácticas docentes está sujeto al modelo pedagógico que subyace a una acción educativa en un contexto determinado, por lo que, a partir de la modalidad educativa -escolarizada o no escolarizada-, algunos modelos proponen lineamientos para cada momento en la práctica de enseñanza -desde la planeación, la elaboración de materiales y la implementación, hasta el seguimiento y la evaluación de los aprendizajes-, mientras que otros se enfocan en las funciones del docente.

A pesar de que no existe un consenso sobre la definición de las buenas prácticas, es posible identificar elementos clave que se aluden en cada una de las aproximaciones al término, indicadores a partir de los que se han construido distintos modelos de enseñanza o propuestas de buenas prácticas docentes, tanto en la educación presencial como en la virtual. El propósito de este artículo es realizar un análisis comparativo de algunos de estos modelos de enseñanza basados en las buenas prácticas en la educación virtual y, a partir de este, establecer cuáles son los rasgos que permiten identificar una práctica como buena y efectiva, a fin de referir un conjunto de atributos que permitan caracterizar a las buenas prácticas docentes en aulas virtuales.

METODOLOGÍA

Para identificar los modelos de buenas prácticas docentes en aulas virtuales se utilizó una estrategia metodológica de tipo bibliográfico, que consistió en la búsqueda de información en bases de datos académicas. La revisión se enfocó en literatura que mencionara de manera explícita modelos de buenas prácticas o propuestas desarrolladas desde la educación virtual, además de aquellas que contemplaran aspectos claves como: prácticas efectivas, buenas prácticas y prácticas docentes; se priorizaron los aspectos pedagógicos de la enseñanza en línea.

Los descriptores utilizados para realizar la búsqueda de los artículos pertinentes para el análisis fueron: modelos de buenas prácticas docentes en aulas virtuales, prácticas docentes en aulas virtuales, mejores prácticas docentes en educación en línea, experiencias exitosas docentes en la educación virtual, y prácticas pedagógicas exitosas en la educación en línea. Estos fueron considerados en español e inglés, y la pesquisa se realizó a través de los motores de búsqueda de internet Google, Google Académico (Google Scholar) y ERIC (Institute of Education Sciences). A partir de los contenidos que se exploraron, se realizó una depuración de la información, donde se eligieron un total de once artículos, publicados entre 1998 y 2017 por universidades, de investigadores y equipos de investigación, que contenían propuestas, modelos de enseñanza e investigaciones elaboradas desde la educación virtual. Algunos parten de los modelos de buenas prácticas presenciales, y otros de la experiencia de los investigadores como docentes dentro de las aulas virtuales.

A continuación, se presenta una breve descripción de los modelos de enseñanza sobre buenas prácticas docentes identificados en la educación virtual desde las investigaciones revisadas, desarrolladas en el contexto internacional. Los modelos se presentan agrupados en dos clasificaciones, primero los que describen prácticas centradas en estrategias pedagógicas -desarrollados en siete de los once trabajos seleccionados- y, posteriormente, los que abarcan buenas prácticas identificadas en cada fase de la enseñanza: desde la planificación hasta la evaluación del aprendizaje -según los restantes cuatro artículos-. En el análisis de los trabajos se consideraron los autores, el año de publicación, el objetivo del modelo y la caracterización de las buenas prácticas propuestas.

RESULTADOS. ANÁLISIS COMPARATIVO DE LOS MODELOS DE ENSEÑANZA SOBRE BUENAS PRÁCTICAS DOCENTES EN AULAS VIRTUALES Buenas prácticas docentes en estrategias pedagógicas

A principio de siglo, Graham et al. (2001) plantearon en sus investigaciones una lista de siete estrategias basadas en los principios del modelo de Chickering y Gamson (1987) con el objetivo de proponer una guía para evaluar las buenas prácticas de los profesores dentro de las aulas virtuales. Estas estrategias consisten en:

Fomentar la interacción entre los estudiantes y los profesores con pautas claras para comunicarse.

Propiciar la cooperación entre los alumnos a través de tareas de discusión diseñadas para facilitar el aprendizaje colaborativo.

Impulsar el aprendizaje activo. Para esto, se debe permitir a los estudiantes presentar proyectos y discutir entre ellos sus aportaciones, con especial énfasis en el tiempo destinado para la tarea, y establecer fechas límite para esta.

Dar retroalimentación de información y de reconocimiento con una respuesta pronta, oportuna y adecuada.

Comunicar las expectativas académicas por medio de tareas desafiantes.

Respetar los diversos talentos y estilos de aprendizaje.

Permitir al alumno elegir temas de interés para desarrollar los proyectos académicos.

Años más tarde, Banjert (2004) realizó un estudio para evaluar la práctica docente en línea por parte de los estudiantes, a través de un cuestionario basado en el modelo de buenas prácticas docentes de Chickering y Gamson (1987). A partir de los resultados obtenidos, propuso un compendio de buenas prácticas enfocadas en estrategias pedagógicas necesarias para impartir educación virtual, las cuales proponen:

Establecer un contacto cercano entre los docentes y los estudiantes. Esto es un factor crítico para motivar y tener éxito en los estudios en línea. Los comportamientos amistosos por parte del profesor, el interés en el aprendizaje del alumno, el entusiasmo y la buena disposición, así como las habilidades de comunicación, generan un clima adecuado para el aprendizaje.

Fomentar la interacción social. Esta promueve el aprendizaje en el estudiante, ya que tener la oportunidad de compartir y responder a cada uno de sus compañeros, así como discutir los temas de estudio entre la comunidad de aprendizaje, propicia un conocimiento y comprensión más profundos.

Incorporar audio, video y enlaces a otros mundos virtuales, recursos que permiten a los instructores crear actividades auténticas e interactivas de resolución de problemas, y aumentan los esfuerzos de los estudiantes para construir activamente su conocimiento significativo.

Retroalimentar de forma efectiva, se facilita cuando el instructor lo realiza de manera pronta y oportuna, así como al incluir comentarios individuales sobre el desempeño de los estudiantes.

Designar de forma clara el tiempo disponible para elaborar la tarea y recordar automáticamente las fechas de vencimiento de la asignación.

Establecer expectativas claras sobre la calidad de las tareas. Los ejemplos que modelan las expectativas del instructor proporcionan al estudiante directrices precisas sobre el tipo de trabajo necesario para la finalización de la tarea competente.

Crear una serie de actividades de aprendizaje multisensoriales que permitan demostrar conocimientos y habilidades para estudiar la diversa gama de preferencias y habilidades de aprendizaje en los alumnos.

Por otra parte, el estudio de Cabero y Romero (2010), realizado en universidades españolas, tuvo como objetivo analizar las buenas prácticas docentes en las aulas virtuales universitarias. A partir de un biograma, la realización de entrevistas y la observación de materiales, los autores identificaron los resultados más favorables en las siguientes estrategias docentes: mostrar flexibilidad en la impartición del curso, abrir un canal de comunicación con el docente que posibilite la consulta de información y la resolución de dudas, establecer un trato humano y personal del profesor hacia los estudiantes, actualizar y elaborar materiales innovadores, además de evaluar los materiales didácticos en los aspectos técnicos, pedagógicos y comunicativos.

En el mismo año, Valverde, Garrido y Fernández (2010) desarrollaron una investigación enfocada en evaluar al docente desde diferentes dimensiones dentro de su práctica, con el propósito de capacitarlos en estrategias y habilidades pedagógicas para la educación en línea, y así promover una práctica efectiva en las aulas virtuales. Las propuestas de este estudio se resumen en cuatro buenas prácticas necesarias para el docente dentro de los entornos virtuales:

Comprender la representación y la formulación de conceptos y procedimientos a través de las TIC.

Desarrollar estrategias didácticas constructivistas que utilicen las TIC para favorecer la enseñanza de los contenidos curriculares.

Identificar las dificultades en el aprendizaje de los contenidos y conocer de qué forma las TIC pueden ayudar a superarlas.

Advertir el conocimiento previo de los alumnos, así como la epistemología del contenido curricular para comprender cómo las TIC pueden generar un aprendizaje nuevo sobre el preexistente.

Un estudio más amplio fue conducido por Cabero, Llorente y Morales (2013), el cual tuvo la finalidad de identificar si los docentes emplean buenas prácticas en la educación virtual y conocer cuáles dificultades técnicas, didácticas y organizacionales reportaban los profesores, así como las características de los materiales que utilizan y sus experiencias de aprendizaje. A partir de sus resultados, los autores sugieren como buenas prácticas docentes: tener una actitud positiva -tanto de profesores como de alumnos- hacia la educación en línea, sobre todo al interactuar en la plataforma digital; flexibilizar la impartición de los cursos y la atención a las necesidades del alumno; aumentar la implicación y la participación de los alumnos en el aula virtual; y adquirir habilidades digitales en el uso de las herramientas didácticas de la plataforma educativa, el diseño de materiales de aprendizaje y el manejo de los recursos disponibles dentro de las aulas virtuales.

Como parte de su indagación sobre buenas prácticas en entornos virtuales, García, Guerrero y Granados (2015) proponen una guía de buenas prácticas, con base en su experiencia docente y su conocimiento sobre el tema. En esta, establecen una serie de criterios para desarrollar buenas prácticas en entornos virtuales, divididas en cinco categorías: pedagógica, tecnológica, metodológica, organizacional y social. A partir de estas, los autores presentan estrategias (buenas prácticas) a seguir en los diferentes momentos del proceso de aprendizaje; algunos ejemplos son:

Tener una comunicación constante con los alumnos y procurar mantenerlos motivados.

Reconocer las diferencias y los diversos estilos de aprendizaje, y adaptar los entornos virtuales para mejorar el aprendizaje.

Priorizar la autoevaluación y la coevaluación entre los estudiantes.

Contemplar la flexibilidad de los entornos virtuales y no encuadrarse en un riguroso calendario que debe cubrirse.

Diversificar el uso y la aplicación de las herramientas de la plataforma.

Presentar materiales didácticos en distintos formatos.

El trabajo colaborativo debe ser precedido por un trabajo individual para valorar el conocimiento previo del alumno.

Generar procesos de interacción social y comunicativa entre la comunidad de aprendizaje.

Un estudio más reciente, realizado por Carmona y Rodríguez (2017), tuvo por objetivo identificar un conjunto de especificaciones técnicas, administrativas, comunicativas y pedagógicas para mejorar los resultados de la educación virtual. En la investigación se identificaron características como la usabilidad, la accesibilidad, la adaptabilidad y la modularidad, que son validadas y compartidas a nivel internacional dentro de los cursos virtuales, presentados por diferentes entes especializados en estandarización; además de otras características como la consonancia, la transversalidad, el diseño funcional, la gestión administrativa, el licenciamiento y la unidad conceptual, que responden a reflexiones en torno a las peculiaridades educativas y contextuales. A partir de estas, se diseñó un conjunto de especificaciones contenidas en un manual de estrategias pedagógicas especializadas y una metodología para implementarlo, de manera que este compendio de buenas prácticas fuera una guía para mejorar los resultados de la educación virtual y funcionara en la capacitación para los docentes.

En síntesis, estos primeros siete trabajos sobre los modelos de buenas prácticas plantean estrategias pedagógicas específicas que el docente en línea puede implementar para favorecer el aprendizaje de los alumnos dentro de las aulas virtuales. Entre todo lo mencionado en estas investigaciones, se puede resaltar la importancia de tener un dominio y manejo adecuado de los contenidos curriculares, poseer habilidades para el uso adecuado de las TIC -por parte del profesor y del alumno-, y mantener conductas favorables para mejorar aspectos actitudinales y llevar una tutoría e interacción positiva entre la comunidad de aprendizaje.

Buenas prácticas docentes en los momentos de enseñanza

Area, San Nicolás y Fariña (2010) desarrollaron un modelo de enseñanza específico para la educación en línea, con base en los modelos de buenas prácticas docentes para los entornos presenciales, principalmente los propuestos por Chickering y Gamson (1987), Alexander (1997), y Coffield y Edward (2009). El propósito de este fue mejorar la calidad en la modalidad educativa virtual, por lo que plantea las buenas prácticas a partir de los distintos momentos de la enseñanza:

Fase de planeación: considerar las necesidades de cada alumno en cuanto a su tiempo, espacio, tranquilidad y estilos de aprendizaje; orientar con información clara sobre el programa educativo acorde a sus habilidades y perfil académico.

Elaboración de materiales: incluir materiales didácticos relevantes y diversos que fomenten el interés en el trabajo propio.

Implementación: brindar una opción de soporte técnico dentro del aula virtual, fomentar la interactividad y el diálogo entre los participantes del aula virtual.

Seguimiento y evaluación: ofrecer un seguimiento continuo del avance del estudiante, grabarlo para su supervisión durante el proceso y no solo al final; permitir al estudiante elegir sobre la intensidad de su aprendizaje y el ritmo para lograr sus objetivos.

Por otro lado, el estudio realizado por Montoya (2014) en el proceso de enseñanza pretendía identificar y evaluar las buenas prácticas en la modalidad virtual, con la intención de que los resultados fueran un referente para el desarrollo de modelos de enseñanza-aprendizaje adecuados a estos contextos educativos. La metodología de este trabajo consistió en evaluar las buenas prácticas en la educación virtual a partir del Marco Europeo de calidad; sin embargo, los resultados no fueron favorables, pues los participantes no conocían los protocolos de aplicación de la calidad de la educación en línea que se evaluó. Ante esto, la autora concluye que es necesario investigar sobre las buenas prácticas con muestras más grandes, donde se identifiquen las tendencias y las problemáticas a las que se enfrentan los profesores, a fin de tener una evidencia empírica más precisa sobre lo que se espera de la figura del docente en línea en las aulas virtuales.

En otro estudio sobre buenas prácticas docentes en la educación virtual universitaria, Rodríguez y Niculcar (2016) proponen una guía para favorecer cambios permanentes en la personalidad y en la conducta de los profesores que imparten educación en línea, y estructuran su modelo en tres momentos que toda buena práctica docente debe considerar:

Momento preactivo: consiste en planificar, recabar la información pertinente, estudiar y analizar la información, poner en práctica las actividades de aprendizaje, y evaluar si se generaron cambios conductuales. La aplicación de este primer momento propicia la adopción de buenas prácticas en el docente.

Intervención docente: consiste en evaluar al alumno a través de un diagnóstico -durante y al final del curso-, cumplir con el programa académico, realizar una retroalimentación permanente, actualizar las actividades y evaluar los resultados de aprendizaje. Es decir, aplicar buenas prácticas en la ejecución del curso virtual.

Momento post-táctico: consiste en reflexionar sobre el proceso realizado y analizar los resultados esperados, en contraste con los obtenidos, para generar mejoras en las próximas experiencias.

Por su parte, Bolívar y Dávila (2016), a través de su experiencia por una década en la impartición de educación virtual, acotan un modelo de buenas prácticas en ambientes virtuales de educación superior. En este, organizan la información según dos momentos: las acciones correspondientes al proceso administrativo preliminar que debe ejecutar el docente, y las tareas y los procesos a realizar durante el proceso instruccional, tanto en la planificación como en el desarrollo.

a) Proceso administrativo preliminar

●Tener una formación básica que permita desempeñar con eficiencia el rol de docente-tutor en el entorno virtual, al conocer la dinámica de los procesos formativos en esta modalidad.

●Elaborar o actualizar el programa instruccional de la materia, incluir los objetivos de aprendizaje, los contenidos, la evaluación y las fuentes de información.

●Obtener la aprobación de las instancias académicas para impartir el curso en línea.

b) Planificación didáctica

●Programar con anticipación el diseño curricular del curso con las actividades en línea, considerar las características de los estudiantes y los resultados de aprendizaje.

●Seleccionar, diseñar y organizar los materiales o recursos de apoyo didáctico en función de los objetivos y en correspondencia con los contenidos del curso.

●Diseñar actividades formativas auténticas y contextualizadas de acuerdo con los objetivos de aprendizaje.

●Diseñar instrumentos de evaluación con un propósito formativo y sumativo.

●Diseñar un plan para el seguimiento tutorial y estar al pendiente de si los alumnos requieren apoyo.

c) Desarrollo didáctico

●Despertar interés y ganar la atención de los alumnos sobre el curso, contextualizar el curso y su importancia.

●Determinar las características cognitivas y afectivas de los estudiantes mediante el diseño de autoevaluaciones interactivas.

●Ejecutar el curso y agregar los recursos didácticos por unidad y las actividades interactivas.

●Facilitar el aprendizaje y realizar el seguimiento tutorial.

●Realizar un cierre de la formación y elaborar el informe sobre las calificaciones.

●Elaborar un informe de cierre del curso y socializar con otros docentes sobre las experiencias de aprendizaje y los resultados. Impulsar un proceso de mejora continua.

Los autores sugieren que las propuestas de buenas prácticas docentes que presentan contribuyen a generar una educación en línea de calidad, que procure un desempeño idóneo de los docentes en cuanto a la ejecución adecuada de estrategias didácticas y tutoriales en esta modalidad, siempre y cuando se sigan los procesos y los momentos presentados en su actuar en la enseñanza virtual.

DISCUSIÓN

Como se puede observar, existen similitudes y divergencias entre las estrategias y los elementos que se consideran buenas prácticas en los diferentes modelos. No obstante, a pesar de esta variedad, es posible distinguir indicadores específicos que permiten caracterizar una buena práctica en las aulas virtuales. En la tabla 1 se muestra un análisis comparativo sobre las dimensiones y las características identificadas que comparten los modelos de buenas prácticas docentes presentados en los once trabajos seleccionados para la investigación, donde se señalan los elementos relevantes presentes en la mayoría de los modelos.

Análisis comparativo de los modelos de enseñanza sobre buenas prácticas docentes en las aulas virtuales

MOMENTO DIDÁCTICO DIMENSIONES MODELOS DE BUENAS PRÁCTICAS
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 *
Planificación Necesidades del alumno X X X X X X X 7
Información sobre el programa X X X X 4
Entrenamiento en conceptos y procedimientos con TIC X X X X X X 6
Dominio de aspectos curriculares X X X X X X X 7
Actualizar o elaborar el diseño instruccional X X 2
Elaboración de materiales Materiales didácticos X X X X X X X X 8
Experiencias de aprendizaje multisensoriales X X X X X X X X 8
Implementación Interactividad entre alumnos X X X X X X X X X 9
Soporte técnico X X 2
Interactividad docente-profesor X X X X X X X X X 9
Ritmo de aprendizaje X X X X 4
Intensidad de aprendizaje abierto X 1
Intensidad del aprendizaje restringido X X 2
Aprendizaje activo X X X X X X X X 8
Estrategias didácticas constructivistas X X X X X 5
Seguimiento Seguimiento/retroalimentación continuo al estudiante X X X X X X X X 8
Comunicar altas expectativas/dar ejemplos X X X X X 5
Comportamiento motivador amistoso del profesor X X X X 4
Habilidades de comunicación X X X X X 5
Flexibilidad X X X 3
Tutoría personalizada X X X X X X X X 8
Actitud positiva X X X 3
Trabajo colaborativo X X X 3
Evaluación Instrumentos de evaluación X X 2
Proponer mejorar la práctica realizada X X X 3

Fuente: elaboración propia, a partir de la revisión bibliográfica.

Este cuadro comparativo se organizó con base en los momentos del proceso didáctico, se incluyeron las dimensiones correspondientes a cada uno de estos y algunos indicadores que describen la buena práctica esperada, así como el número de veces que la dimensión es considerada como un aspecto importante de las buenas prácticas por cada uno de los modelos. La numeración de los modelos de enseñanza sobre buenas prácticas es la siguiente:

Area, San Nicolás y Fariña (2010)

Graham, Cagiltay, Lim, Craner y Duffy (2001)

Banjert (2004)

Cabero y Romero (2010)

Valverde, Garrido y Fernández (2010)

Cabero, Llorente y Morales (2013)

Montoya (2014)

García, Guerrero y Granados (2015)

Rodríguez y Niculcar (2016)

Bolívar y Dávila (2016)

Carmona y Rodríguez (2017)

Al analizar los modelos de los once trabajos, se identificaron 25 dimensiones diferentes. Si bien no existe una característica que sea común a todos los modelos examinados, se observa que algunas de estas se repiten de manera frecuente (la característica puede ser denominada de manera diferente de un modelo a otro, pero se refiere a la misma conducta o acción del profesor).

Las dimensiones que se mencionan de manera más recurrente -en siete o más de los modelos- son: interactividad entre la comunidad de aprendizaje, seguimiento o retroalimentación continua del estudiante, conocer las necesidades y las características personales del alumno, realizar una tutoría personalizada, disponer de materiales didácticos pertinentes y actualizados, favorecer el aprendizaje activo, contar con experiencias de aprendizaje multisensoriales para promover el aprendizaje en los alumnos de acuerdo con sus habilidades y estilos cognitivos, dominio de los aspectos curriculares de la asignatura, y tener un entrenamiento y conocimiento en el uso de las TIC. Conforme con los trabajos revisados, estas son las prácticas que los autores consideran relevantes para la educación virtual.

Al revisar la presencia de estas dimensiones en los artículos, en lo referente a las necesidades del alumno, solo en cuatro de los once modelos no se consideró primordial conocer las características y las particularidades del estudiante. En el resto, se resalta esta dimensión de la buena práctica docente, ya que permite adaptar los contenidos y las experiencias de aprendizaje de los alumnos dentro del aula virtual mediante el uso de materiales de apoyo diversos acorde a sus estilos de aprendizaje, sus ritmos y su nivel de comprensión. Además, en este mismo tono, se recomienda complementar la práctica con un diagnóstico previo de las habilidades y los conocimientos que tiene el alumno de las herramientas tecnológicas, para así promover la comunicación interactiva y fomentar el aprendizaje activo.

Un elemento esencial que se manifestó en la mayoría de los modelos de enseñanza revisados -nueve de los once lo consideran relevante-, se relaciona con fomentar la interactividad entre el docente y el alumno, así como entre los estudiantes, para favorecer el aprendizaje activo y el trabajo colaborativo. Generar espacios de comunicación, discusión y construcción de conocimiento por medio de la comunidad de aprendizaje permite en el alumno la elaboración de un pensamiento crítico y reflexivo sobre el conocimiento que adquiere, y que resulta en un aprendizaje significativo.

Otra característica de una buena práctica docente se relaciona con la capacitación, el dominio y el manejo de las herramientas tecnológicas, tanto del profesor como de los alumnos. Los docentes y los estudiantes que dominen la plataforma educativa y las herramientas multimedia con las que se cuenta pueden aprovechar los recursos disponibles en el aula virtual para optimizar sus experiencias de aprendizaje, al centrarse en la adquisición del nuevo conocimiento y no en el manejo de los recursos tecnológicos didácticos. De esta forma, otra dimensión de las buenas prácticas docentes que destaca en la mayoría de los modelos es el seguimiento cercano y la retroalimentación continua a los alumnos; esto no se refiere únicamente a un acompañamiento sobre los aspectos académicos, sino también a una tutoría personalizada y grupal sobre los intereses y el bienestar personal de los estudiantes.

CONCLUSIONES

Dentro de los resultados reportados en los estudios sobre buenas prácticas docentes en entornos virtuales se encuentran coincidencias. Los investigadores enfatizan que las buenas prácticas docentes están más centradas en las estrategias pedagógicas que en los apoyos tecnológicos con los que cuenta la educación virtual, por lo que el interés de los profesores se inclina hacia su especialización en los aspectos didácticos y académicos dentro de las aulas virtuales, considerados como efectivos en su práctica docente. Asimismo, en los trabajos se resalta la importancia de dominar la diversidad de herramientas digitales de comunicación que tienen los entornos virtuales a su disposición, ya que estas les permiten establecer una mejor relación con los estudiantes, proveer un trato individualizado y potenciar la tutoría virtual, prácticas que han favorecido en la obtención de mejores resultados de aprendizaje.

Estos hallazgos son significativos, ya que los directivos de las instituciones académicas suelen preocuparse más por la adquisición de potentes servidores y de plataformas educativas innovadoras, y dejan de lado la formación de los docentes en las estrategias pedagógicas adecuadas para su desempeño ante un grupo, así como la capacitación en la elaboración de materiales y recursos didácticos digitales que permitan la habilitación de sus profesores en buenas prácticas docentes en entornos virtuales. En este punto, es notable destacar que los estudiantes también deben estar capacitados para utilizar adecuadamente las herramientas educativas virtuales.

Con base en lo expuesto, el análisis de estos modelos de enseñanza sobre buenas prácticas permitió cumplir con el propósito del estudio: generar un referente de indicadores específicos sobre las buenas prácticas docentes en las aulas virtuales, donde se caractericen estas prácticas pedagógicas en distintos momentos del proceso educativo. Algunas de las dimensiones consideradas son indispensables para favorecer el aprendizaje en línea, y deberían ser parte de la capacitación y la formación de cualquier docente en la modalidad virtual, además de verificar que su implementación sea adecuada y evaluar los resultados de su práctica.

Se considera que la educación virtual es una modalidad educativa que ofrece una alternativa de formación y aprendizaje de calidad, que se respalda al tener a un equipo de profesionales implicados en la ejecución de buenas prácticas docentes en sus actividades didácticas, sus asesorías académicas, sus tutorías y en su diseño de materiales de aprendizaje. Actualmente, implementar prácticas de enseñanza efectivas en los ambientes virtuales es un reto que requiere de la adopción de un modelo pedagógico adecuado a la enseñanza en línea y a las necesidades de los estudiantes para potenciar el uso de la tecnología en la educación.

Por lo tanto, es necesario aumentar los esfuerzos para impulsar una educación en línea efectiva, con resultados que favorezcan el aprendizaje en los estudiantes. Esto implica tener un perfil de competencias profesionales especializadas y un compendio específico de acciones pedagógicas exitosas y adecuadas para capacitar a docentes eficientes y propiciar una formación académica de calidad en los alumnos dentro de las aulas virtuales. Para este propósito, el presente artículo aporta un conjunto de criterios para caracterizar las buenas prácticas docentes en las aulas virtuales, y contribuye con la investigación empírica para construir modelos de buenas prácticas docentes, que permitan mejorar la calidad de los procesos de aprendizaje en esta modalidad educativa.

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CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Véliz Salazar, Miriam Iliana y Gutiérrez Marfileño, Victoria Eugenia. (2021). Modelos de enseñanza sobre buenas prácticas docentes en las aulas virtuales. Apertura, 13(1), pp. 150-165. http://dx.doi.org/10.32870/Ap.v13n1.1987

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Apertura vol. 13, núm. 2, octubre 2021 - marzo 2022, es una revista científica especializada en innovación educativa en ambientes virtuales que se publica de manera semestral por la Universidad de Guadalajara, a través de la Coordinación de Recursos Informativos del Sistema de Universidad Virtual. Oficinas en Av. La Paz 2453, colonia Arcos Sur, CP 44140, Guadalajara, Jalisco, México. Tel.: 333268-8888 ext. 18775, www.udgvirtual.udg.mx/apertura, apertura@udgvirtual.udg.mx. Editor responsable: Alicia Zúñiga Llamas. Número de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del Título de la versión electrónica: 04-2009-080712102200-203, e-ISSN: 2007–1094; número de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del Título de la versión impresa: 04-2009-121512273300-102, ISSN: 1665–6180, otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Número de Licitud de Título: 13449 y número de Licitud de contenido: 11022 de la versión impresa, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Responsable de la última actualización de este número: Sergio Alberto Mendoza Hernández. Fecha de última actualización: 30 de septiembre de 2021.