Apertura / Vol. 1, núm. 1, octubre de 2009
Universidad de Guadalajara
ISSN (versión impresa): 1665-6180
ISSN (versión electrónica): en trámite
Número de reserva (versión electrónica): 04-2009-080712102200-203
México
Sección: debate
Competencias docentes para enfrentar
Yajaira del Carmen
Oviedo G.*
*Magister en Planificación
Curricular. Docente titular en Categoría Agregado, Universidad Pedagógica
Experimental Libertador, Instituto Pedagógico “Luis Beltrán Prieto Figueroa”.
Avenida Los Horcones, calle 64, Barquisimeto, estado Lara, Venezuela. Correo
electrónico: yayioviedo@gmail.com
Fecha de recepción del artículo: 12/07/2009
Fecha de aceptación para su publicación: 08/10/2009
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Los avances científicos y la nueva economía global
gestan la necesidad de adquirir nuevas competencias, en particular personales y
profesionales, en los futuros ciudadanos y ciudadanas. Ante ello, es urgente la
formación de actitudes, conocimientos y habilidades en el docente para afrontar
exigencias y requerimientos de una sociedad del conocimiento que otorga un
valor distinto a la información más allá de la mera transmisión. Esta reflexión
de naturaleza documental hace un aporte a las instituciones formadoras del
docente en este siglo XXI, ante el apremio de hacer frente a nuevos retos;
asimismo, es viable como una alternativa al requisito de diseñar un perfil
complejo que parta de la construcción, manejo y difusión de saberes y haceres vinculados al uso de las TIC. Desde este ámbito, el
propósito es generar una visión holística de las perspectivas que constituyen
la formación de este profesional (constructiva, reflexiva y humana) para dar
respuesta a los requerimientos de una sociedad que se transforma en todos los
órdenes y, por ende, demanda nuevas formas de pensamiento para manejar el
cúmulo de información a la cual está expuesta; implica el manejo y
posicionamiento de estrategias y herramientas para mediar entre la tecnología y
el estudiante. Estos aportes brindarán espacios para generar aproximaciones a
un perfil del docente venezolano desde una dimensión ética, participativa,
comprometida y consustanciada con su quehacer pedagógico mediado por las TIC.
Se requiere una formación en las dimensiones del ser y el convivir, en las
cuales la formación de principios como autonomía, libertad, respeto,
responsabilidad, tolerancia, equidad, compromiso y solidaridad con sus pares,
sean considerados rasgos fundamentales. Dejar de lado al profesional de la
docencia desde concepciones mecanicistas, para entenderlo a partir de una
visión integradora.
Palabras clave:
Perfil, sociedad del conocimiento, TIC.
knowledge society
Abstract
The scientific advances and the new global economy
prepare the need to acquire new competitions, particularly personal and
professionals in the civil futures and citizens. It is urgent and pertinent
that the professionals of the teaching assume the challenges of tackling
requirements and the information of the traffic to a society of the knowledge.
Specifically, this reflection of documentary nature, he contributes with a
contribution to the forming institutions of the teacher in this 21st century,
before the urgency of facing new challenges. Likewise it is viable as an
alternative to the requirements of the design of an educational profile from
competitions that guarantee the search of multiple and complex answers that a
society of the information demands in traffic to the knowledge, where the
construction, managing and diffusion is supported of knowledge from the use of
the TIC. From this area, the intention consists of generating a vision holistic
of the perspectives that shape the formation of this professional
(constructive, reflexive, and human) to attack these challenges; implying, the
managing and positioning of strategies, and tools to happen between (among) the
technology and the student. These contributions, they will offer spaces to
generate approximations to a profile of the Venezuelan teacher under a
dimension: ethical, participative, awkward, and consulting with his pedagogic
half-full occupation for the TIC. It is a time to assume it as a spiritual
tangible being for his demonstrations of love, equity, respect, responsibility,
commitment, and solidarity for with his couples. Finally it is a professional
of the teaching stops aside under conceptions mechanics, to understand it from
an of integration vision.
Keywords:
Profile, Society of
the Knowledge, TIC.
Los acontecimientos religiosos, científicos,
políticos y culturales de las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI,
demandan cambios en el ámbito educativo y perfilan un currículo ajustado a la
sociedad del conocimiento y a las transformaciones de un mundo globalizado.
Esta imperiosa necesidad conduce a la búsqueda de una mejor calidad de vida en
la que se visualice la educación como pilar fundamental para impulsar el
progreso de las naciones, en los ámbitos social, económico, político y
cultural, tal como fue expresado por la UNESCO (1996) en su informe Delors.
En los albores de este siglo signado por la aparición muy particular de
las TIC, destacamos la importancia del tránsito de una sociedad de la
información a otra bien llamada del conocimiento, caracterizada por asumir que
no es suficiente el comunicar información, sino que es preciso ir a la producción y reflexión en torno a ésta, de tal
modo que signifique conversión del conocimiento en factor crítico para el
desarrollo productivo y social. Así, el conocimiento se convierte en
parámetro del nuevo orden social que aboga por la formación de ciudadanos y
ciudadanas creativos y poseedores de capacidad crítica-reflexiva para afrontar
estos retos.
Estos cambios vertiginosos nos conducen a otra forma de ver el mundo, a
nuevos comportamientos y uso de lenguajes, lo que exige a todos grandes
esfuerzos llenos de visiones, esperanzas y proyectos futuristas, en aras de
lograr transformaciones profundas traducidas en mejor calidad de vida. Por
ende, este rol le corresponde a
los docentes: la formación de nuevos ciudadanos y ciudadanas con capacidad
crítica y creativa a la par de una conciencia ciudadana. En consecuencia, los
requerimientos de esta sociedad del conocimiento nos detienen a pensar: ¿quién
debería ser este profesional?, y ¿cuáles competencias pudiera tener? Algunos
teóricos darían respuestas precipitadas y hasta sesgadas en uno u otro ámbito
del saber y hacer. Definir un perfil de este “constructor de voluntades”
representa una tarea compleja, que pudiera tener sus creadores en teorías y
modelos que explican desde indicadores y rasgos basados en conocimientos y
disciplinas abstractas hasta llegar a concebir el perfil basado en competencias
tal como se asume en el proyecto Tuning (2000).
Tobón, Rial, Carretero y García (2006) refieren una
visión compleja y abarcadora, entendida como ese desempeño integral idóneo que
demuestra el individuo en variados contextos y engloba las dimensiones
afectiva-motivacional, cognitiva y actitudinal. Esta concepción de competencia implica una conformación holística entramada de componentes y características de un
ser humano que construye significados para interpretar esa realidad social en
la cual se desenvuelve. Sería valioso considerar el manejo de lo que significa
la formación por competencias en los escenarios latinoamericanos, donde aún
está tan arraigada una concepción tecnicista cargada
de rasgos muy positivistas que se apartan del accionar del docente como ser
social.
Tales aportes teóricos
permitirán enfocar diseños curriculares dinámicos, multidimensionales y
complejos, que partan de la investigación en contextos reales actuales, los
cuales nos permitan asumir una realidad muy propia y pertinente. La formación
docente para este siglo XXI debe estar enmarcada en escenarios de
incertidumbre, que conduzcan al docente a poner en práctica habilidades y
actitudes para generar posibles alternativas de solución ante situaciones
problemáticas que atañen al escenario educativo bien convulsionado de cambios y transformaciones.
La formación docente debe proveer oportunidades e incitar la capacidad
creativa para imaginar respuestas en un marco de acción, en el cual no exista
la certeza; presentar escenarios complejos de entramados teóricos que brinden
un abanico de construcciones posibles e inimaginables, pero que den respuestas
a las necesidades emergentes en el ámbito de la sociedad del conocimiento. En
este sentido, cabe destacar la convergencia de actitudes y creencias que,
aunadas a este contexto histórico, demandan un accionar crítico en tiempo y
espacio con connotaciones diferentes.
El abordaje en la formación del futuro docente debe partir de recrear
las interacciones entre el conocimiento, el proceso formativo, el desarrollo
humano y el contexto para actuar, a fin de garantizar la búsqueda de múltiples
y complejas respuestas. Es ahí donde pondríamos mayor hincapié para una
formación integral, en la cual tendrá cabida el desarrollo de competencias que
le permitan su desempeño en el ámbito de las TIC como protagonistas de estos
cambios, además de una dimensión pedagógica.
A partir de una dimensión profesional, la formación
del futuro docente encierra el asumir una renovación de saberes, tendentes a
gestar el conocimiento más que a transmitirlo como se ha venido planteando. Sin duda, estamos ante el reto de convertir estos saberes en
conocimiento explícito y funcional, y evidenciar su aplicación; exige sumar
elementos para su formación, que ponga el acento en procesos cognitivos, para un hacer crítico y reflexivo que
le permitan trascender más allá de lo operativo e instrumental en el uso de las
TIC.
Tal situación implica el posesionarse de herramientas y estrategias que
le faciliten mediar entre la tecnología y el estudiante, así como el manejo de
competencias comunicativas orales y escritas como herramientas que facilitarán
la interactividad en la construcción de aprendizajes mediados por las TIC. Lo
expuesto perfila la formación docente en una nueva dimensión que le permita al
estudiante adquirir las herramientas cognitivas que le hagan posible acceder,
gestar y tomar decisiones en torno a la información disponible ya no en textos,
sino en la red, y demandar la puesta en acción de procesos de autorregulación
del aprendizaje.
No se trata de reducir la función del docente a un simple disponer o
colgar la información, sino de plantearse y cuestionarse ¿cómo integrar
herramientas telemáticas a su práctica pedagógica?, ¿cómo diseñar, guiar o
evaluar el proceso de aprendizaje realizado con el soporte de las TIC?, y ¿cómo
ayudar a sus estudiantes para autogestionar su aprendizaje? Todo esto requiere
cambios en el enfoque de la formación del docente que van más allá de la nueva
capacitación instrumental básica para el manejo de las TIC; demanda el conocimiento
de lenguajes visuales, flexibilidad, autonomía y compromiso con su hacer diario
y accionar pedagógico.
No obstante, en este momento histórico que vivimos quizá no sea tan
determinante ubicar con precisión cuáles serían los lineamientos para la
formación del docente, quien realmente nos compete en este tratado; va mucho
más allá de ver el diseño del perfil por competencias como inscritas en el
marco de la interacción entre su formación y vinculación al aparato productivo.
De ahí que se perciba al docente como ese profesional altamente competitivo y
productivo, ligado a una evaluación del desempeño que se enmarca en parámetros
de eficiencia y calidad.
Al respecto, interesa ubicarnos en posturas más humanísticas, como la de
Camperos (2004), al plantear que un perfil cuyo asidero esté en las
competencias debe ir a la par de una educación ciudadana, responsable con el
otro, en la cual los principios de solidaridad y convivencia sean afines a la
necesidad de desarrollarse como persona que se perfila a su autorrealización.
Para profundizar: la formación del docente requerido hoy día, más que
enmarcarla y delinearla en un desempeño laboral profesional, debe reflejar el
comportamiento de un ser como ciudadano integral poseedor de conocimientos,
habilidades, actitudes y valores que trasciendan su misión para enseñar a vivir
con autenticidad, como lo manifiesta Pérez Esclarin
(1999): educación en valores.
Representa, ante todo, una formación en valores morales y ciudadanos que
involucren compromiso social con su país, Venezuela. Expresa consustanciarse
con las problemáticas sociales que nos atañen, de tal manera que pueda dar
alternativas de mediación; que manifieste capacidad de sensibilidad para
interpretar realidades y emprender acciones en pro de solucionarlas. Al ser
así, qué difícil es tener que aceptar que más allá de usar un lenguaje
prescripto para sus competencias instrumentales adaptado a las exigencias de la
era de la globalización, centrado en paradigmas, enfoques epistemológicos,
hermenéuticos, pensamiento complejo, constructivismo y TIC, se requiere una
condición humana en la que los valores sean pilares fundamentales para accionar
en esta sociedad.
Es importante ubicarnos en una sociedad que demanda cambios, donde lo
valioso es el capital humano que pueda dar calor al frío de estas innovaciones
propias de avances científicos y tecnológicos. Al respecto, Mertens (1996)
plantea la búsqueda del equilibrio en la formación del futuro docente: por un
lado, ajustarse a las necesidades sociales, personales y empresariales y, por
otro, el designio de la realidad contemporánea global. No implica apartarnos
del ser humano, de sus intereses y su sentir; por el contrario, es acercarnos a
él mediante acciones de respeto y convivencia en escenarios diferidos en
tiempo. Este planteamiento invita a adentrarnos a la realidad subjetiva e
intersubjetiva para comprender la sociedad del paradigma tecnológico signado
por la producción cultural que circula por Internet, tal como lo ha expresado
Castell (2000). No obstante, es éste el momento de reto para que los docentes
afronten que las nuevas tecnologías representan evolución y progreso, con base
en la connotación de que generan avances científicos y técnicos posibles,
gracias a la reducción de obstáculos tiempo-distancia.
Al respecto, es indudable la pertinencia para despertar procesos de
reflexividad y autonomía personal en nuestros docentes, quienes son los más
llamados a orientar a los ciudadanos y ciudadanas que construirán una sociedad
más justa en la que existan escenarios para la participación, transformación y
desarrollo de éstos. Atendiendo a este horizonte, el reto está dado; más allá
de una concreción mecanicista en su formación, debe extenderse una dimensión
axiológica que favorezca su perfil personal profesional cada vez más armónico,
personal, social y trascendental en escenarios de cambios y complejidad.
Esto implica que, más allá de concebirlo como el conocedor y poseedor de
saberes en una disciplina específica, él es un ser humano con toda la
complejidad que envuelve el término, con razón, mente, espíritu, sentimientos,
intereses y expectativas. En tanto que tales planteamientos sean el norte para
entender el perfil del docente de este siglo, se precisa argumentar que
dejaríamos a un lado la concepción pasada de un profesional conocedor y
transmisor de un conocimiento, egresado de una institución educativa con
capacidad para buscar un empleo en un área tan compleja como lo es la
educación; es entenderla desde una visión integradora que no sólo está centrada
en la producción y gestión del conocimiento, que aborda el investigar para
ubicarse en acción–conocimiento–información y uso de nuevas
tecnologías al servicio del quehacer pedagógico; más aún, es llegar a ser un
crítico, reflexivo de su práctica para ahondar en lo que está haciendo y darle
un sentido ético y moral. Implica, por ende, el desarrollo de un plan de
crecimiento personal; de emancipación profesional, en cuya acción refleje
valores como libertad, paz, equidad, amor, respeto, solidaridad, responsabilidad
y honestidad, así como compromiso con su entorno social.
Ahora bien, no tendrá sentido el llegar ahí sin
propugnar qué se está haciendo. Para que el perfil del docente sea
efectivamente una aproximación a lo expuesto, existen propuestas claras y
sustentadas en visiones más cercanas a nuestra realidad venezolana, como la de
Díaz Barriga (2004), quien plantea la formación de docentes a partir de
temáticas emergentes en el currículo, como multiculturalidad, desarrollo
sustentable y sostenible, responsabilidad social y ciudadana, y perspectiva de
género, considerándose en su formación inicial como en la permanente, que
atiende a la profesionalización. Lo valioso está dado por el compromiso que
asumamos en reformas educativas que deben comenzar por la formación del docente
para hacerla pertinente a estos nuevos tiempos. Es hora de ver, concebir y
hacer de la docencia un acto de reflexión-acción, en el que nos perfilemos a
gestar el conocimiento en nuestros entornos educativos, cuestionarnos y deconstruir
el currículo, como lo decía Restrepo (2005), haciendo retrospectiva de lo que
hemos estado haciendo. ¿Cómo hacer para mejorar mi práctica pedagógica diaria?
Todo esto encierra estar dispuesto a la crítica
constante de lo que hacemos; sentarnos a compartir en círculos de acción
docente, en colectivos pedagógicos, en grupos de coordinación de cursos, como
le llamamos en nuestro contexto, para debatir aspectos relevantes y
significativos de nuestro quehacer docente. Es proponer nuevas maneras de
enfocar nuestro accionar en los ambientes de aprendizaje. Finalmente, lo
crucial está en replantearnos y recrear el ejercicio docente con las
consecuencias que acarrea esta decisiva tarea de preparación de talento humano,
y adentrarnos en la búsqueda de nuevas visiones y enfoques en la formación del
docente que aspiramos en nuestras sociedades.
En atención a lo anterior, se debe aprender econstruyendo
el rol del docente. García (2004) manifiesta que a lo largo de la biografía
educativa se han asumido diferentes versiones del accionar docente que dieron
respuesta al contexto histórico del momento, pero que aún permanecen en el
escenario educativo sin pertinencia a estos tiempos de cambios. Urge quitarnos
las máscaras de la certeza, para partir desde la incertidumbre a fin de reencontrarnos
y reconstruir la relación con alumnos, conocimiento y realidad contextual. Lo
anterior implica que la formación del docente se ha venido manejando en tres
tiempos pedagógicos: investigar, enseñar y formarse (Pérez, 1999); bastaría
detenernos en este último para profundizar en esa dimensión del ser, y hacer de
este discurso una acción de reflexión y autoevaluación de cada uno de nosotros,
en pro de liberar y orientar nuestra voluntad a la ordenación de acciones más
cónsonas con el sentir y querer aventurar en un mundo de la docencia, a partir
de establecer relaciones y modos de calidad de vida, en la cual los escenarios
del diálogo, la dialogicidad y los espacios
intersubjetivos hagan posible tal realidad.
Restaría aceptar que, a pesar de ser la docencia una de las profesiones
más dinámicas en cuanto a necesidades de transformación individual y colectiva,
tal como lo mantiene Alves (2003, p. 12), es quizá la más conservadora para
aceptar los cambios emergentes en su contexto, no obstante la creencia en su
actitud crítica para interpretar la realidad y plantear propuestas de solución
en nuestras sociedades.
Estamos ante un panorama que induce a retos en los
que lo fundamental radica en interpretar el papel que juega la creación del
conocimiento en la búsqueda de alternativas que fortalezcan a los países para
alcanzar su desarrollo económico, social y cultural. ¿Cuáles serán esos retos?
La educación representa una alternativa viable para la superación de brechas en
pro de un mejor bienestar social. ¿Cuál debe ser el currículo?, ¿desde qué
enfoque asumirlo para dar respuestas a estos cambios educativos propugnados por
la sociedad del conocimiento?, y ¿cuál debe ser el perfil del docente para esta
sociedad? Dar respuestas a estas interrogantes implica fijar postura de acuerdo
con múltiples factores, que van desde la concepción de la educación, el
currículo y sus respectivos componentes, específicamente los actores, docentes
y estudiantes. Es indudable que la educación representa un factor crucial en
esta transformación social, en virtud de que permitirá la formación de
competencias en el ser humano para el logro de una comunicación efectiva en la
que prevalezca la capacidad crítica y creativa para interpretar la información
y traducirla en conocimiento, a partir de una herramienta fundamental que es el
lenguaje. En este contexto global signado por el valor otorgado al conocimiento
como factor crucial para lograr transformaciones sociales en pro de una mejor
calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas
que transitamos en este siglo XXI, le corresponde un reto decisivo a los constructores de sociedad, los bien
llamados “docentes”. El compromiso estará dado por las respuestas de
universidades creadoras de este talento humano, tendentes al logro de una
formación integral en las dimensiones afectiva-motivacional, cognitiva y actitudinal.
A la par, este perfil debe concatenarse con una formación para el ejercicio de
la ciudadanía responsable en los diferentes contextos en donde se desempeñará. Es necesaria, asimismo, una dimensión profesional
que implique el poder posesionarse de herramientas y destrezas para acceder,
gestar y tomar decisiones en relación con la información disponible en la red.
Esta sociedad del conocimiento trae consigo nuevos modelos para aprender, en
los cuales la responsabilidad recae en el alumno, situación a ser considerada
para infundir en el docente una autonomía en aquellos actos en los cuales
tendrá que tomar decisiones sobre qué quiere aprender, cómo y cuándo, con qué
objetivos e intensidad. No bastaría formar al docente de este siglo XXI con competencias
tecnológicas para manejar las TIC; es importante acentuar un perfil humanístico
que le confiera cualidades y principios cónsonos a una sociedad que pareciera
apartarse de acciones y hechos protagonizados por el ser humano y, por ende,
impregnada de principios inherentes a su desempeño, como actitud de respeto,
libertad, honestidad, equidad, compromiso y solidaridad con el otro. También se hace imperativo abogar por alternativas
de formación docente tendentes a soportar transformaciones para afrontar los
retos en la preparación del talento humano que la sociedad del conocimiento
requiere. Implica dejar a un lado viejos esquemas y modelos transmisionistas
y lineales en la formación de docentes, e involucrar nuevos diseños
curriculares abiertos, interdisciplinarios y holísticos que “enseñen a pensar”,
que tiendan a desarrollar la capacidad de reflexión crítica y creativa del
individuo sobre su propio accionar en pro de cambios sociales trascendentales.
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